Las estrategias trazadas son la reducción y la sustitución:

1. Reducimos la proporción de plástico hasta en un 60% en piezas de polímeros termoplásticos, aplicando cascara de arroz a la mezcla conseguimos disminuir más de la mitad de plástico utilizado sin comprometer la integridad física del producto.

La cascara de arroz es un deshecho del cultivo de arroz, que es el segundo cereal más cultivado del mundo, esto representa una enorme cantidad de materia prima que antes concebíamos como un desperdicio de la producción agrícola y que ahora reaprovechamos.

Está compuesto por:

Ø 15% de Sílice, un material natural que aumenta su resistencia.

Ø 85% de material orgánico (celulosa, lignina, D-Xilosa y D-Galactosa). Posteriormente cuando acaba el ciclo de vida del producto, estos se pueden reciclar.

A demás de ser compatible con los polímeros termoplásticos, reduce el peso de los componentes que contienen este material y es reciclable una vez acaba el ciclo de vida del producto.

2. Sustituimos los plásticos tradicionales por bioplásticos, que además son biodegradables. Se denomina bioplástico a aquel polímero cuyo origen proviene de la naturaleza, y biodegradable a aquellos materiales que pueden descomponerse y ser absorbido por la naturaleza, por lo que utilizamos un ciclo sostenible.

Estos materiales son el PLA y el PHA:

Ø El PLA (ácido poliláctico) se sintetiza a raíz de cultivos como el almidón de maíz, la yuca, tapioca o la caña de azúcar, mediante el almidón que contienen.

Ø El PHA (Polihidroxialcanoatos) se produce gracias al proceso de fermentación de las bacterias en azúcares o lípidos, como glucosa, sacarosa, aceite vegetal y glicerina.

Por lo que, a la vez que utilizamos un material renovable, incentivamos el sector agrícola para la producción de estas materias primas. Posteriormente, cuando acaba el ciclo de vida del producto, al ser materiales biodegradables se pueden compostar, y utilizar ese compost para reiniciar así el ciclo productivo.